lunes 16 de noviembre de 2009
Transacciones Verdes
---------------- ° ----------------
Bajo los quitasoles y acompañados por la música chill out que caracteriza al Café Armani, ubicado en la glamorosa calle Alonso de Córdoba, Juan Andrés Camus, presidente de Celfín Capital, y Oscar Guillermo Garretón, máxima autoridad de Fundación Chile, estrecharon sus manos en un pacto de cooperación que busca dar origen a la primera bolsa climática del país y de todo Sudamérica.
Junto al aroma del café, el 26 de octubre pasado dieron a conocer la Santiago Climate Exchange (SCX), iniciativa privada que cuenta con una inversión de entre US$3 millones a US$5 millones y que busca reducir las emisiones de CO2 (que en el mundo suman 30.000 millones de toneladas), además de hacer de este “proyecto verde” un negocio prometedor.
“La SCX permitirá que cualquier ciudadano que esté interesado en realizar proyectos de reducción de CO2 pueda emitir bonos de carbono y, al mismo tiempo, facultará a las empresas a disminuir sus emisiones a través de la compra de dichos bonos en un mercado de cap and trade (compra y venta)”, declara Carmen Gloria Solís, directora de comunicaciones de Fundación Chile.
Esta nueva iniciativa busca formalizar compromisos de reducción, promover proyectos ambientalmente sustentables, facilitar la transacción de bonos de carbono (CER´s), permitir la transparencia del valor comercial de dichos bonos y certificar la calidad de los proyectos y procesos involucrados.
Por lo mismo, esta bolsa será desmutualizada, lo que significa que cualquier individuo podrá transar CER´s, sin la necesidad de ser accionista de la SCX. Dichas intenciones de reducción de CO2 deberán presentarse a un directorio técnico, que validará metodológicamente las iniciativas y, una vez hechas las reducciones, emitirá los bonos respectivos que podrán transarse en la bolsa.
Este proyecto emula las bolsas climáticas de Chicago, Montreal y China, líderes en la transacción de CER´s a lo largo del mundo. También hace eco de las regulaciones ambientales al interior de Japón, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Europea (pacto 20x20x20 bajar 20 en 20 años o algo así), compromisos surgidos luego de la firma del Protocolo de Kyoto en 1997 y que deberán ser evaluados a fines de este año en el encuentro de Copenhagen.
Divisa ecológica del siglo XXI
Los bonos de carbono vieron la luz luego de la firma del Protocolo de Kyoto, acuerdo internacional en el que las 142 naciones firmantes, Chile incluido, se comprometieron a reducir emisiones equivalentes a 10.000 millones de toneladas anuales de CO2, durante el período 1998-2012, para así evitar un colapso ambiental y estabilizar la temperatura del globo.
En dicha convención, se determinó que, para evitar un aumento de la temperatura de la Tierra superior a los 2 grados centígrados, las emisiones no podían superar las 2 toneladas de CO2-e per cápita; una cifra que dista mucho de la realidad actual, en la que las emisiones de GEI equivalen a 5 toneladas de CO2 per cápita aproximadamente.
Los CER´s son certificados que acreditan un determinado monto de reducción de GEI. Para la emisión de dichos bonos se requiere que las empresas, o personas independientes, propongan proyectos de disminución de CO2. Éstos son evaluados por distintas empresas como Poch Ambiental, Cantor CO2-e y EcoSecurities, entre otras.
“Los proyectos no tienen que ser necesariamente gigantes, como Hydro Aysén, para que sean rentables. He visto muchas iniciativas particulares y de pequeña escala, relacionados con la biomasa, captura de metano, centrales eólicas o hidroeléctricas, entre otros, que tienen gran éxito”, afirma Ignacio Durruty, analista de Cantor CO2-e.
Como el beneficio ambiental se mide globalmente, los CER´s han permitido una colaboración entre los países en vías de desarrollo y aquellos desarrollados. Estos últimos han sido los más golpeados por el Protocolo de Kyoto, ya que el adelanto en sus economías se traduce, inevitablemente, en mayores emisiones de GEI, derivadas de los procesos productivos, energéticos y de transporte, por nombrar sólo algunos.
Por lo mismo, otros países, a veces menos desarrollados, han generado proyectos de reducción de GEI, los que se han traducido en bonos de carbono que los países desarrollados pueden comprar para dejar la balanza en cero, convirtiéndose en empresas que respetan el Carbon Neutral Protocol, lo cual les permite seguir funcionando en el mercado.
Apenas se ponga en marcha la SCX, los CER´s podrán ser transados tal como una acción, a nivel global. Los vendedores serán todos aquellos sujetos o empresas que emitan CER´s y los compradores, las compañías que no puedan reducir sus emisiones y que, por tanto, compran CER´s para poder seguir operando.
Según las estadísticas de la empresa londinense Point Carbon, consultora y analista del mercado de los CER´s, al 1 de noviembre de este año hay más de 5.500 proyectos de reducción de emisiones a nivel global, iniciativas que han surgido de países tan diferentes como Kenia, Colombia, Indonesia y Jordania. Las naciones con mayor volumen de reducción son China, India, Corea y Brasil.
Además, el negocio de los bonos de carbono (CER´s) radica en que las empresas ambientalmente amigables son mejor catalogadas, por lo que ser cuidadosos con el clima se ha convertido en una buena estrategia de marketing. “Las empresas y los clientes premian a las compañías que tienen un impacto medioambientalmente reducido. Por eso, hay muchos proyectos de empresas que modificaron su sistema de operación hacia uno más limpio”, declara Luis Abdón Cifuentes, miembro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático.
El escenario local
A pesar de que Chile representa sólo el 0,3% de las emisiones mundiales, se sitúa desde el 2004 en el noveno puesto de los oferentes de CER´s a nivel mundial y en el tercero de América. La gran mayoría de los proyectos caen en la categoría de medios de desarrollo limpio (CDM), lo que significa que los países desarrollados pueden reducir sus emisiones por medio de la adquisición de bonos en países sin compromiso medioambiental.
Según un estudio de ProChile, para el 2012 se espera emitir, dentro del territorio nacional, 41 millones de toneladas de reducción en CER´s. Esta hipótesis se sostiene en las ventajas comparativas que tiene Chile en relación a otros países del globo: crecimiento sostenido del 5% aproximado, estabilidad económica, gran industria forestal, desarrollo potencial de energías renovables, casi 3 millones de bonos de carbono emitidos y otros 50 proyectos en cartera, por nombrar algunas.
Como se puede ver, aún cuando reducir emisiones es algo costoso, sobre todo en países como baja tecnología y escasez de recursos, Chile ha sido pionero en este rubro. Empresas como Agrosuper, Metrogas y Nestlé han presentado proyectos para reducir GEI, los que se han basado en la sustitución de procesos más contaminantes por otros más limpios.
Sin embargo, para los entendidos en la materia, los bonos de carbono prometen aún más en el futuro. “Los bonos de carbono podrían ser utilizados en el procesamiento de residuos sólidos urbanos e industriales con potencial biodegradable”, asegura César Sáez, profesor titular de la Facultad de Ingeniería y del centro de medio ambiente de la Pontificia Universidad Católica.
También se prevé un mayor desarrollo de proyectos relacionados con energías renovables, tratamiento y reducción del metano (especialmente en cerdos), instalación de represas hidroeléctricas, uso de la energía extraída de biomasa, creación de campos de energía eólica, forestación y uso del biogás, entre otros.
Son aún muchos los campos inexplorados cuando se trata de ayudar al medio ambiente, especialmente cuando prima el progreso industrial como dogma predominante. Sin embargo, la puesta en marcha de la Santiago Climate Exchange hacia fines de este año, promete suscitar más y mejores transacciones verdes que hagan de esta iniciativa algo más que un mero negocio bursátil.
jueves 3 de septiembre de 2009
Avenida de Contrastes
Durante el día, el tradicional Barrio Brasil aún conserva esa atmósfera familiar y tranquila. Sin embargo, al caer la noche, el escenario se torna más oscuro y letal. Hace dos años, junto con la entrega de patentes de alcohol a un gran porcentaje de bares y restaurantes del sector, creció de manera exponencial la delincuencia y hoy los vecinos y visitantes pagan las consecuencias.
Casi como un reptil que cambia la piel cuando ya está vieja y maltrecha, el emblemático Barrio Brasil ha mudado sus colores y formas. Sin embargo, dicha transformación no ha sido del todo positiva. Con el paso del tiempo, la antigua avenida ha pasado a ser espejo de múltiples incongruencias, difíciles de aceptar por quienes transitaron sus veredas hace casi 50 años.
La Avenida Brasil nació como la primera ruta hacia Valparaíso el 1900 y se transformó de inmediato en núcleo de la aristocracia chilena. Ellos levantaron las casas que aún se ven en el barrio, hoy más desgastadas y con uno que otro graffiti en sus fachadas, pero que son un buen exponente de la arquitectura neogótica y neoclásica de la época.
En la actualidad, dar un paseo por el barrio es una interesante experiencia. Con dos estaciones de metro cerca, Los Héroes y Cumming, Brasil se levanta desde las cenizas, convirtiéndose en el rincón predilecto de escolares, turistas, oficinistas, inmigrantes y universitarios, en busca de un buen trago y algunas horas de distensión.
En las tres cuadras que separan la plaza Brasil de la Alameda abundan las tiendas de repuestos automotrices, almacenes y picadas. Las palmeras y los amarillos, verdes y azules matizan la paleta de colores que salpica el ambiente. El sonido de los autos y bocinas se mezcla con el reggaetón y con Fito Páez, que suena en algún bohemio café.
La plaza, según los vecinos, sigue igual que hace 30 años; lo único que ha cambiado son los coloridos juegos para niños que se ven a lo largo y ancho de la misma. Una mujer leyendo un libro de Pablo Simonetti, dos pokemones conversando en una banca y un caballero sesentón dando de comer a un sinfín de palomas, completan el cuadro durante las mañanas.
Sin embargo, todas las imágenes idílicas suelen tener su cuota de dulce y de agraz. En los últimos años el Barrio Brasil ha sufrido una metamorfosis que más de alguno reconoce como lamentable.
Aliro Vergara (70) vive en la calle Huérfanos hace más de 20 años. Conoce cada centímetro como la palma de su mano y rememora los tiempos en que Brasil era sinónimo de tranquilidad: “El Brasil de antes no es el de ahora. Antes era más sereno, más familiar, mientras que ahora hay mucho ruido, peleas, alcohol”, declara mientras pasea a Billy, su Yorkshire, por la plaza.
La calma y la paz del día se diluye cuando cae el sol y el panorama se tiñe con otros matices, menos alegres y optimistas. Alrededor de las 8 de la noche el Barrio Brasil empieza a cambiar sus formas. El natural y calmo paisaje empieza a desdibujarse en medio del ruido y la música estridente. Desaparecen los adultos y en cambio los jóvenes se toman la plaza y las calles aledañas: desde Yungay hasta Concha y Toro, desde República hasta Dieciocho.
Desde hace dos años, las calles que circundan la plaza -Brasil, Huérfanos, Compañía y Maturana- se han colmado de restaurantes, picadas, bares y botillerías, gracias a la entrega de patentes de alcoholes que hizo la Municipalidad de Santiago a dichos negocios. Esto ha traído más de algún sinsabor a los visitantes y residentes, quienes se quejan incansablemente de los desórdenes y riñas que se desarrollan noche tras noche.
“Sobre todo los viernes y sábados se junta gente bien malacatosa a tomar en la plaza. Esto nos afecta como local porque los clientes pasan de largo cuando ven a personas de mal aspecto en la entrada”, comenta Germán Navarro (42), metre del restaurant Juan y Medio, inaugurado hace dos semanas en Huérfanos, al costado del Galpón Víctor Jara y frente a la plaza.
La delincuencia es otra de las problemáticas que ha llegado para quedarse. Se percibe en los comentarios de vereda y en las campañas que se han llevado a cabo en la comuna para evitar que se convierta en el nuevo “Pío Nono”, lugar conocido por sus riñas, desórdenes y vicios, siempre al alcance de la mano.
“Con mis compañeras una vez vinimos a compartir a la plaza. De repente llegó una galla medio loca y le tiró una piedra a una amiga que es peruana. Después le quebró una botella en la cabeza. Creo que era xenofóbica”, afirma Catherine Olguín (18), estudiante del colegio Santa Teresita, ubicado a dos cuadras de la plaza central.
Paulina Clark es productora de la fundación Víctor Jara y mesera del Galpón que lleva el mismo nombre, ubicado en calle Huérfanos, casi esquina con Brasil. Su experiencia es otro claro indicio del panorama que se vive: “Tipo 4 de la mañana, cuando salgo del trabajo, siempre veo a alguien gritando que lo asaltaron, que le pegaron. Los flaites (delincuentes) se quedan esperando a que las personas salgan de los locales y ahí los toman y los flaitean (les roban, les pegan)”, atestigua con una extraña calma, como si nada de lo que cuenta fuese sorprendente.
Hoy coexisten todo tipo de grupos y tribus urbanas en el perímetro: Pokemones, Emos, Punks, Agros, etc. Sin embargo, son los Neonazis los que llevan la batuta cuando de crear disturbios se trata: “En el Galpón Víctor Jara hacen tocatas punk y los nazis se ponen afuera a esperarlos. A mí una vez me persiguieron con fierros como 20 de esos y me tuve que meter a un negocio”, asegura Valerie Aran (18) quien se declara Visual, una tribu que busca impactar sensorialmente a través del maquillaje y la vestimenta recargada.
Debido al fuerte aumento de la delincuencia se han tenido que tomar medidas, tales como la existencia de un móvil de Carabineros en la plaza las 24 horas. Sin embargo, lo que se supone en la teoría no se cumple en la práctica. Después de las 7 de la tarde, o incluso antes, el móvil brilla por su ausencia.
Por otra parte, desde hace ya un tiempo que ha aumentado la presencia de Paz Ciudadana, a través de casetas y vehículos que circundan el lugar. Sin embargo, tienen estrictamente prohibido intervenir en las riñas ya que no tienen la capacitación necesaria para ello y por tanto, también sus vidas corren peligro.
Por esta razón, su función se limita a prestar ayuda a los afectados, llamando a ambulancias, Carabineros o suministrando primeros auxilios. En otras palabras, la labor de la institución es meramente de vigilancia, pero no de control efectivo en el momento de los hechos.
“A un amigo lo tomaron unos locos y le pegaron para robarle. Los pacos esperaron a que se fueran los flaites y recién ahí fueron y le preguntaron: ¿qué pasó? Por otro lado, los de Paz Ciudadana se quedan en sus casetas leyendo y no hacen nada”, explica Paulina Clark, con un cierto grado de impotencia, mientras prende un Marlboro en medio de la oscura sala.
En general, los robos son perpetrados con arma blanca y las principales víctimas son mujeres y turistas. Esto se debe a que los extranjeros suelen ser más inocentes y tienen menos precauciones a la hora de moverse por el sector y a que las mujeres tienen menos capacidad para resistir los golpes y forcejeos.
“Nosotros vemos como tres asaltos por noche los fines de semana, sobre todo después de la medianoche. Los que asaltan son cabros jóvenes que no superan los 25 años y andan en busca de dinero y objetos de valor”, aclara Manuel Barrientos, encargado del stand de Paz Ciudadana en la plaza Brasil desde hace seis años.
Por lo mismo, hoy las esperanzas están puestas en el municipio y en Carabineros, para que se creen planes que puedan hacer efectivo un mayor control, especialmente durante las noches y fines de semana. Sin embargo, las autoridades piden a gritos a los visitantes y residentes que tengan cuidado, que tomen las precauciones necesarias para así evitar futuros malos ratos.
domingo 28 de diciembre de 2008
Curar a Oscuras...
Juan Carlos Sánchez (45), sociólogo de profesión, ejerce como acupunturista hace casi veinte años en su consulta cerca de Escuela Militar. La ceguera que padece no ha sido limitación alguna para ejercer su oficio, sino por el contrario, una puerta para mirar de otra forma la vida.
Juan Carlos Sánchez se mueve ágilmente, reconociendo cada centímetro del espacio y haciendo de los sonidos su mejor aliado, su brújula. Entra y sale de las tres cabinas en donde atiende simultáneamente a sus pacientes, vestido con un delantal celeste, unos pantalones de tela oscuros y sosteniendo agujas y semillas en su mano derecha. Definitivamente, la ceguera que lo acompaña desde su nacimiento no se deja ver.
Este chileno de 45 años trabaja hace casi veinte como acupunturista, dedicado a restablecer el orden y la armonía en los sectores que están en desbalance (alma, cuerpo o mente) a través de distintas técnicas: Cromoterapia, Masajes Tuina, Digitopuntura, Shiatzu, Ayurveda, Terapia de Chacras, etcétera. Sólo recibe la ayuda de Macarena, su secretaria, quien lo asiste en ciertos tratamientos.
Juan Carlos no tiene ningún vicio, salvo la necesidad por conocer cuánto está a su alcance, sobre todo si se relaciona con el manejo de energías, tipos de masajes que ayudan a liberarlas y nuevas terapias. “Mi meta es adquirir el conocimiento de las energías fantasmas, caminar sobre el agua, cruzar murallas, leer a través de las manos sin ver, comunicarme a distancia en telepatía”, asegura enérgico.
Es católico, ha recibido todos los sacramentos tradicionales, está casado hace algunas décadas y tiene un hijo, Cristián. Cree en Dios, pero por sobre todo cree en el ritmo de la naturaleza, en el ser humano y en su maestro personal: Sant Baljit Singh, director espiritual nacido en India y representante actual de la corriente de meditación ancestral, Sant Mat.
Su ceguera no es hoy ni ha sido jamás limitación alguna. Sueña con vivir en un yate con su familia y con una enorme biblioteca a cuestas. Puede desarrollar esta pasión gracias al programa computacional JAWS, software capaz de convertir la información de pantalla en sonido de manera que el usuario pueda acceder al contenido sin necesidad de verlo.
Conoció la acupuntura a los quince años debido a una visita casual a una tienda de Homeopatía y aún cuando quedó maravillado por esta técnica, optó por estudiar Sociología en la Universidad de Chile. Sin embargo, luego de sacar la Licenciatura, partió a Buenos Aires a la Academia Su-Jok, especializada en técnicas milenarias y medicina alternativa. Inmediatamente después, se matriculó en España en el mismo instituto, luego en México, Rusia y finalmente Uruguay.
Hoy, el aprendizaje cosechado a través de los años y su desempeño lo hacen inmensamente feliz. “Más allá de que me guste lo que hago, descubrí lo que vine a hacer a este mundo. Salen las cosas como tienen que salir debido a que hago todo con mucha conexión personal”, dice al tiempo que toma unas semillas especiales para practicar Auriculoterapia (terapia que estimula ciertos puntos energéticos en las orejas).
Actualmente, trabaja de lunes a sábado desde las 9:00 y hasta las 20:00 horas en su consulta en Escuela Militar, atendiendo quince pacientes diarios. Cree que la medicina alternativa es recomendable para todo aquel que busque resolver dolencias emocionales, físicas o espirituales y que tenga una apertura a lo natural. Por lo mismo, la considera complementaria a cualquier otro método tradicional ya que integra el mismo fin: la mejor salud de los seres vivos que pisan la tierra.
Judith Garrido (53), ha sido paciente de Juan Carlos por años. Se trató una enfermedad en el ojo que ningún doctor tradicional pudo diagnosticar y más tarde, llevó a su hija debido a problemas de anorexia y depresión. “Esta terapia le ha ayudado mucho en su carácter y en su manera de enfrentar la vida. Hoy, gracias a Dios, puedo decir que está estable”, cuenta emocionada, mientras espera su turno en el pasillo estilo zen, repleto de velas aromáticas y palos de bambú.
Sebastián Martínez (26), destacado atleta chileno, llegó a consultarlo debido a unos fuertes dolores en las rodillas que ni siquiera un año con los mejores kinesiólogos y traumatólogos nacionales pudo resolver. “Bastaron dos sesiones con Juan Carlos para recuperarme. Por lo mismo, si el día de mañana tengo cáncer, voy primero donde él”, relata sin titubear.
La única diferencia que Juan Carlos advierte es el énfasis que se pone en el equilibrio de todos los campos energéticos y asegura que la medicina alopática ha perdido el contacto con el ser humano: “Yo me limito a restablecer el orden y la armonía a través de mis manos, de mi postura, de lo que digo y lo que callo, de lo que entrego y lo que me guardo. En el ser humano está el resto”, explica mientras prende un incienso.
Entre sus amores están las mejillas de atún, la endivia, la rúcula y el queso de cabra. Su calma descansa en el contacto con la naturaleza y en el sonido del mar. El flamenco, danza que lo hipnotiza debido a la capacidad que tiene de extraer sentimientos y pasiones desde lo más profundo del ser, es su mejor deleite auditivo. El regalo de la soledad, de la calma, de la paz y lo hermoso de compartir con los seres queridos, es lo que lo mantiene vivo.
Venera por sobre todas las cosas la vida y la capacidad de descubrimiento qué se esconde detrás de cada experiencia. Le duele la incomunicación, la apatía, el desinterés y los prejuicios. Tiene la certeza de que el desapego y el trabajo de nuestro potencial interno son básicos para poder estar en paz: “descubrir quién es uno y a qué vino a la tierra es lo esencial de la existencia”, manifiesta decidido.
Aún cuando sólo ve oscuras sombras, Juan Carlos Sánchez sabe que tiene la capacidad de observar más allá de lo normal y eso ha sido de enorme ayuda en su trabajo: “Desde niño he podido percibir ciertas energías invisibles, lo cual me ha permitido tener un contacto mucho más profundo con mis pacientes. No necesito ver, puedo sentir...
martes 11 de noviembre de 2008
Intentalo Encontrar...
Una ventana abierta de la ilusión
Es mirar hacia el cielo con el corazón sin miedo a la caida...
Y es que el amor
Como todo lo que es bello, no tiene explicación
Es refugio y morada de algun soñador
Que jugando a poeta, quiso ser un cantor...
Y es que al final
Tendrás en tu inventario lo que llegues a amar
Después no tendrás tiempo de volver a empezar
ahora es el momento, inténtalo encontrar, intentalo encontrar!
